| Reproducimos
el siguiente artículo, que ha sido publicado en el portal
Evaluando
ERP, y que trata sobre el temor al cambio que ocurre en las
Pymes Argentinas al querer implementar soluciones que profesionalicen
su cuadro administrativo y gerencial
¿Cuándo
es que las empresas crecen y dejan de ser Pymes?
La respuesta es simple: cuando poseen voluntad de crecer y tienen
la valentía de tomar las decisiones correctas. Todo pasa
por una cuestión de políticas; si la decisión
no proviene de arriba - de los estamentos decisorios más
altos de la empresa y, en las Pymes, de sus dueños -, este
tipo de organizaciones podrán tener sus épocas de
bonanzas pero jamás podrán llegar a concretar todo
su potencial comercial.
Esta especie de laxitud en mantener el status quo es lo
que les impide realizar cambios realmente revolucionarios y emerger
como potencias comerciales en su sector. Estos problemas suelen
darse en dos áreas: la estructura informal de su administración,
y el desorden informativo con suele contar la empresa.
El tema pasa por la voluntad de cambio. Las pequeñas y medianas
empresas suelen tener una torre de Babel en cuanto a la calidad
y variedad de sus sistemas administrativos, disponiendo soluciones
departamentales que son incompatibles entre sí. Y si no,
implementando soluciones a medida que, más que proveer respuestas
especializadas, sólo le sirven para formalizar la anarquía
informativa: si la respuesta no está en el software tal cual
como está, basta llamar al departamento de sistemas y generar
una modificación, un nuevo reporte, etc.
Es por ello que la alternativa de un software
ERP les resulta imprescindible pero temida. Ciertamente la implementación
de una solución ERP implica
cambios radicales: de que toda la empresa se atenga a la utilización
de un sistema central, que lo informal se traduzca en procedimientos
formales, que los sectores se disciplinen y provean la información
en tiempo y forma y, fundamentalmente, que haya responsables de
la información, tanto para generarla como para asimilarla.
Esto conlleva a una profesionalización y especialización
de la estructura.
Si es beneficioso ¿Por
qué no implementar un ERP?
La cuestión pasa porque muchas Pymes entienden que necesitan
un ERP, y disponen los medios para
adquirirlo e implementarlo, pero no se animan a dar el gran paso.
Aquí la premisa es muy simple: lo que no se conoce, no
se puede medir. Una empresa no puede descubrir dónde
posee cuellos de botella (en aspectos comerciales o administrativos)
si no posee información centralizada y en tiempo real. Los
datos deben ser fidedignos y trazables; debe rastrearse con facilidad
a las fuentes y a los responsables.
La información debe ser comparativa, y deben evaluarse los
mecanismos internos que no funcionan con eficiencia. Los resultados
deben ser cuantificables en tiempo real, y se debe disponer de la
capacitación suficiente para realizar un análisis
pormenorizado de los mismos. Si un software
ERP le provee numerosos mapas detallados de la situación
de su empresa – tanto del rumbo a seguir como de los problemas
que cuenta su organización, informando acerca de sus productos
más fuertes y rentables, retrasos en la comercialización
o producción, tasas de morosidad de su cartera comercial,
grado de rotación de stocks, etc. -, debe haber alguien
capacitado para entender dichos resultados y con la voluntad política
de hacer los ajustes precisos que la empresa necesita. De lo contrario
pasan a ser datos muertos: es una lista de síntomas de la
empresa en vez de transformarse en una herramienta de diagnóstico.
El cambio genera incertidumbre
El tema de fondo siempre es el temor al cambio. En primer lugar,
porque los estamentos decisorios deben especializarse. Esto
puede implicar contratar a gerentes profesionales que poseen la
experiencia directiva suficiente para comprender la naturaleza del
cuadro de diagnóstico y aplicar las reformas necesarias.
En segundo lugar, implica un cambio de mentalidad a nivel institucional,
con capacitación de los individuos a nivel sectorial, y asignación
tanto de roles como de responsabilidades. En tercer lugar está
la depuración de los circuitos administrativos: ya nada
quedará librado a la improvisación sino que estará
regulado y establecido como procedimiento.
El dilema de las Pymes pasa por su capacidad de evolución.
Pueden optar por la rutina y la improvisación sobre la marcha,
o adoptar una estructura jerárquica (tanto de autoridades
como de sectores y responsables de la información) que tenga
capacidad de remodelarse en función de la eficiencia. Vale
decir, no se trata de cambiar un modelo de organización
estático por otro que resulte más rígido, sino
por otro que sea eficiente y tenga capacidad de evolucionar.
Las implementaciones de soluciones ERP
son el primer gran paso en el camino hacia el crecimiento de las
organizaciones; pero si no es acompañado por otros cambios
de fondo – tanto estructurales como de mentalidad -, simplemente
terminará por diluirse como un tibio intento de hacer las
cosas de un modo diferente. |